miércoles, 4 de noviembre de 2009

Mirada sueca a la identidad de Latinoamérica

Cuando se trata de dar una visión de Latinoamérica las que siempre sobresalen son las que se proyectan desde una perspectiva ideológica, política o económica. Muy pocas veces se escucha la perspectiva que tienen los intelectuales. Al no ser que nos llegue la visita de alguno de ellos como el joven escritor mexicano Ignacio Padilla o, como es el caso de un articulo publicado en el diario sueco “Svenska Dagblade” del 26 de octubre pasado, un hombre de letras sueco, Peter Landelius además de diplomático, eleve el prisma de los intelectuales para echarle una mirada sueca a Latinoamérica.

Peter Landelius junto con su carrera como diplomático que se ha desarrollado en gran parte en Latinoamérica se destaca por traducciones al sueco de obras de importantes escritores hispanohablantes. Entre las obras se encuentran la de Pablo Neruda " 20 poemas de amor y una canción desesperada ", César Vallejo, Julio Cortázar, “El amor en tiempos del cólera” de Gabriel García Márquez, el poeta cubano y fundador de la revista “Orígenes” Eliseo Diego. También se cuentan entre sus traducciones las obras de autores como Mario Benedetti, Benito Pérez Galdos entre otros.

Como hombre de literatura y conocedor de los intelectuales latinoamericanos construye Lindelius su visión latinoamericana sirviéndose de dos puntales intelectuales de alto calibre: Jorge Volpi, integrante del grupo de la generación Crack, y Héctor Aguilar Carmín.

A donde quiere apuntar Landelius es a la identidad común en toda Latinoamérica, en donde ve un problema semántica creado por la palabra o concepto “Latinoamérica”. ¿Existe como tal una “Latinoamérica”? Ésta, según el intelectual escandinavo, es una cuestión retórica refleja unos 200 años de esfuerzos políticos y que hoy día se ve como un tema importante por una de las escuelas dentro de las ciencias políticas, la del constructivismo social.

Para Landelius la respuesta de que es Latinoamérica está plasmada en la obra de intelectuales latinoamericanos como Octavio Paz, con su “Laberinto de soledad”, Mario Vargas Llosas en “Conversación en la Catedral”, Carlos Fuentes en “Terra Nostra” y Ernesto Sábatos en su “Sobre Héroes y Tumbas”. Igualmente existe una respuesta desde la perspectiva de los jóvenes intelectuales latinoamericanos, como es el caso del mexicano Jorge Volpi con su obra “El insomnio de Bolívar”.

En el caso de Volpi, describe Landelius, se señala en su libro que lo que caracterizó en su momento a la región ha desaparecido: las dictaduras (menos la de Cuba), las guerrillas (menos la de Colombia), el realismo mágico y el exotismo forzado. Es decir que en gran medida se ha experimentado en Latinoamérica una especie de transición en que los jóvenes intelectuales se han convertido en el signo del mismo.

Al diplomático escandinavo no se le pasa que las jóvenes generaciones de literatos latinoamericanos se han ajustado a los nuevos tiempos globales en donde las ideas tanto como la literatura se ajustan a un contexto más extenso que es el global, con un punto de partida en Latinoamérica.

Esta irrupción de intelectuales latinoamericanos de nuevo tipo se le ha conocido como “La Generación Crack”. La generación del Crack rompe verdaderamente con la forma tradicional que Latinoamérica se ve a si misma. Esto ha llegado como una noticia desconsoladora a muchos intelectuales comprometidos con la vieja forma de hacer literatura y con las viejas ideologías. Un ejemplo de esto anterior es el caso de la escritora mexicana Elena Poniatwoska. La escritora mexicana lamenta que la irrupción del fenómeno Crack “noqueara” a los intelectuales ya establecidos y de generaciones anteriores

El fundamento de las “naciones” latinoamericanas es cuestionable aunque esto no se haya racionalizado antes por cuestiones de coyunturas históricas. Para Volpi el futuro de su país no debería estar solamente dentro de fronteras en medio de la Sierra Madre o dentro del rancho, cuando se le anunció que era el portador del Premio Debate de Casa de America, por su obra: El insomnio de Bolívar, afirmaría:

"Imagino un futuro de América con enormes problemas y desafíos y con el sueño de que toda América, incluida la anglosajona, formase algo parecido a la Unión Europea".

Claro está que para enfrentar el gran paso que significa la globalización hay que pasar por la integración de América. No sólo en el aspecto económico y político, lugar donde las discusiones muestran su mayor interés. Esto a costa de olvidarse muchas veces o por lo general de la importancia de los derechos humanos y los derechos civiles.

Si Peter Landelius está atento a los cambio y lo nuevo que los escritores latinoamericanos traen consigo, como las nuevas generaciones de intelectuales latinoamericanos se dan, no pierde de vista la frustración que Volpi muestra sobre la democracia, donde la corrupción y las diferencias de clases crean el terreno propicio para el surgimiento del populismo, sobretodo los de izquierda. Muchos de estos caudillos han logrado llegar a liderar países como Venezuela, Ecuador, Bolivia. En Argentina desde 1940, y en México se espera que a causa del populismo el PRI gane las próximas elecciones, por una parte gracias que ha fracasado la gestión del gobierno de corte liberal y por otra a que la izquierda no ha logrado una alternativa que se pueda mantener. La opinión de Volpi que Landelius muy bien reconstruye en su articulo es la del sueño de la unidad de Bolivar se ha convertido en pura pesadilla. Lo mejor sería que la frontera entre México y los Estados Unidos desaparecieran pero por el momento es un sueño más difícil de realizar que la unión de Latinoamérica.

Otro de los intelectuales latinoamericano, y también mexicano, que Landelius usa como prisma es Héctor Aguilar Carmín. Landelius nos habla de un seminario sobre la preparación para el jubileo por los 200 años de la independencia de Argentina Chile, Colombia y México en el que Héctor Aguilera estuvo presente, y del cual salio el siguiente razonamiento de Aguilera que el mismo Landelius usa para ilustrar su imagen de Latinoamérica.

Héctor Aguilar Carmín: Educación y Cultura política. Los pueblos americanos no estaban preparados para el régimen que se instauró después de la independencia: la creación de una república a partir de una sociedad monarquica.

Latinoamérica ha perdido su exotismo y magia ante el mundo, sus factores de identidad se han perdido y Latinoamérica a pesar de eso quiere mantener una identidad ante el mundo.

Héctor Aguilar ve que hay nuevos factores de identidad Latinoamérica los ha asumido, uno de ellos la carrera armamentista. Esto se muestra visible en la Venezuela de Chávez con su compra de armamento ruso, usado para consumo interno supuestamente, aunque a veces parece acabar fuera de las fronteras nacionales de Venezuela. Brasil con su compra de los submarinos atómicos, y Chile que invierte en armamentos un 10 % de su producto nacional bruto a la compra de armamento. Vale destacar como lo hace Lauidelius que Chile es el país que cuenta con la amenaza de todos sus países fronterizos al mismo tiempo. Un caso especial es el de Colombia, un país que tiene el enemigo dentro de sus fronteras, ha logrado mantener su democracia liberar a pesar de la sangrienta guerra civil, por una parte los antiliberales oligárquicos y por la otra guerrilla marxista. Es Colombia un país que tiene una situación especial en Latinoamérica, aislada de sus vecinos que sino estimulan el conflicto por lo menos temen una expansión del mismo en sus territorios.

Para Héctor Aguilar existe una paradoja en la historia de Latinoamérica. Con la toma de la independencia del poder español se desmorona el sueño de Simón Bolívar de una Sudamérica unida. Lo único que lograría la independencia de España fue que los grandes latifundistas lograron tomar el poder y consolidar las naciones, que poco a poco se fueron derivando de lo que fuera los territorios españoles.

Estados Unidos llenó ese vacío de poder que los españoles dejaron tras de sí. 150 años de interversiones y golpes de estados han dado un buen grado de amargura a la memoria colectiva, amargura que fue cultivada por la izquierda pero que se ha extendido a todos los niveles sociales. En 1989 con la caída del muro de Berlín cayó en gran medida el interés de los Estados Unidos de gobernar a la región.

Hay dos poderes que según la apreciación de Landelius se han despertado en Latinoamérica, uno es el Nafta, en el que México se incorporó en 1994, que constituye una unión con los países de Norteamérica, EE.UU. Canadá, en cuanto a lo político y lo económico. El otro poder es Brasil, país que tiene uno de los mayores ritmos de crecimiento en el mundo, tanto es su influencia que se cuenta con que el mismo sea uno de los que figuran para ayudar a poner en orden las finanzas mundiales después de la gran crisis del 2008. Además hay que contar que Brasil es el país que dio refugio al ex - presidente Manuel Zelaya durante los últimos momentos de la crisis de Hondura, dándole al gigante sudamericano un papel protagónico en la región. Hay que hacer un alto aquí y declarar que al Brasil darle abrigo a Zelaya desplaza del papel principal a la figura a Chávez, quizá sea esto una señal que Brasil esté dando a Latinoamérica.

Conferencia de Ignacio Padilla en Estocolmo.

En su recuento habla Landelius sobre un tercer poder en Latinoamérica refiriéndose al proyecto bolivariano, liderado como el bien dice por los estrategas cubanos y los petrodólares de Venezuela para incentivar el caudillismo de Chávez. Proyecto que envuelve a países como Bolivia, Nicaragua, además de Ecuador cuyo presidente no debería de llevar un signo de igual que Chávez, por su postura pragmática que muestra bien en la economía como en la educación.

La región latinoamericana sigue siendo vista en muchos casos desde la perspectiva de sus intelectuales. Es importante contar con ellos, con los viejos porque nos dan la visión de su pasado, con los jóvenes, por ejemplo la de la generación Crack pues nos transmiten la imagen del presente y la de lo que nos puede parecer el futuro. Desde este punto de vista podemos mirar a Cuba que a pesar de bloqueo interior ha surgido un movimiento intelectual y cultural que se ha convertido en el prisma para mirar hacia dentro Cuba, y de estos nombramos Yoani Sánchez y Porno para Ricardo. Este cambio o transición del liderazgo de la disidencia en Cuba, desde una perspectiva política como era la disidencia en los 90 a una más intelectual y artística como lo es a finales de esta década, debería de tomar la atención de los observadores y analizarse con más profundidad.

Peter Landelius sabe mirar a Latinoamérica, los intelectuales de la región tienen las herramientas que necesitarían los nórdicos para guiarse en la complejidad de la región, y hoy en día los de la Generación Crack. Peter Landelius ha publicado otros analisis como “Ny vänster och coger ger hopo i Latinoamérica.” (La nueva izquierda y la derecha dan nuevas esperanzas a Latinoamérica).

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