martes, 21 de julio de 2009

Iglesia en Cuba: Continuidad histórica de lucha social

Cuando se habla de la historia reciente del pensamiento democrático cubano no se puede olvidar el aporte del aporte del movimiento cristiano liberación liderado por Osvaldo Paya Sardiñas. Se puede decir que es uno de los importantes movimientos dentro de la constelación que conforma la disidencia cubana. Esto es porque cuando se habla del movimiento cristiano liberación se habla del proyecto no oficial más importante que ha tenido Cuba en estos últimos años, el Proyecto Varela.

El proyecto Varela se puede explicar como una propuesta llevada al parlamento cubano para convertir en leyes derechos que ya están establecidos por la Constitución de la Republica de Cuba. Estos son el derecho a la libre expresión, libertad de prensa y de asociación, además de permitirles a los cubanos el acceso a sus propias empresas, cosa que aun es un privilegio para los ciudadanos extranjeros. El Varela cuenta con que en el artículo 88 de la Constitución de la Republica de Cuba permite la recogida de firmas para enviar una iniciativa al parlamento, los firmantes deben escribir su nombre, número de identidad, dirección y firma personal.

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Tal como se ha suscitado el Proyecto Varela parece ser un proyecto nacido de la espontaneidad de la situación político-social que se atraviesa en Cuba, si hay un espacio de espontaneidad y de particularidad en el Varela, al mismo tiempo que es clara la conexión que el mismo tiene con la historia de la Iglesia Católica en Cuba.

Una historia que va dando inspiración a muchas las luchas por la justicia social que tuvieron como escenario a Cuba , Tempranamente, en el descubrimiento, se realzan figuras como las de Fray Bartolomé de las Casas,  con su conocida defensa de los indios, durante el periodo colonial, el padre Antonio José Maria Claret, destacado por su incentivo a la toma de conciencia social en su tiempo como obispo de Santiago de Cuba, y no podría faltar que se nombre al presbítero Félix Varela (del cual el proyecto democratacristiano toma su nombre) que dedicó su vida a la causa de la justicia social y la independencia en Cuba.

Virgen de la Caridad La Iglesia Católica en Cuba tuvo una relación muy cercana con la revolución de 1959, por una parte en la lucha antibatistiana y después en el enfrentamiento al régimen totalitario de Fidel Castro. Por una parte la acción a través de cartas pastorales y circulares para hacer al pueblo pensar y ver claramente la realidad que se les venía encima, por otra inspirando a muchos del pueblo en la acción antitotalitaria, aunque no se olvide de que muchos católicos estuvieron a y  favor del nuevo sistema que se gestaba, al menos al principio.

La Iglesia estuvo presente en el tiempo prerrevolucionario, vale destacar la carta del obispo de Santiago de Cuba, Enrique Serrante, en donde reflejaría su preocupación por lo acontecido en el cuartel Moncada. Allí lanza una invitación para mediar en caso necesario entre las partes en el conflicto. Después de la llegada de Fidel Castro al poder y tras la crispación que se creo entre la Iglesia Católica y el nuevo régimen, salieron a la luz nuevas pastorales que en algunos casos revelaban el camino que iba a coger el novedoso sistema que se había instalado en la Isla.

El entonces obispo auxiliar de la arquidiócesis de la Habana, Eduardo Boza Masvidal escribiría en 1960 la carta pastoral ¿Es cristiana la revolución social que se está verificando en Cuba?, en donde haría una valoración ese proceso revolucionario. Más que todo el líder eclesial quería enfocar aspectos tales como aquello de lo que la revolución adolece para llegar a ser una revolución cristiana, o cuales son las cuestiones que hace que la revolución choque con los principios cristianos. Las cuestiones son la nueva concepción de la espiritualidad y del hombre, el enfrentamiento al que echaban los pobres y los ricos con la justificación de que los ricos habrían abusado primeramente de los pobres, señalando que esta practica no establecía ninguna justicia sino que llevaba la injusticia al otro extremo. Se alertaba sobre el peligro que se avecinaba cuando al sobreponer el control del estado al reconocimiento de la dignidad de la persona y la libertad de los hijos de Dios, además del conflicto que se advendrá con relación a la propiedad privada y sus implicaciones en el ejercicio de las libertades individuales.

El episcopado cubano supo advertir el peligro que se avecinaba y ser consecuente en informar al pueblo de ese peligro. En una circular aparecida en agosto de 1960 los obispos cubanos condenan abiertamente al comunismo por ser una doctrina materialista y atea, que niega los derechos de las gentes por ser de naturaleza dictatorial. En el caso de triunfar ese sistema en Cuba, según los obispos, cercenaría la libertad de expresión a través de monopolizar los medios de comunicación. Además, subordinaría la vida de la familia a lo que dispusiere el estado según su conveniencia e intereses.

La Iglesia estaba muy conciente de la ofensiva ideológica que estaba sufriendo por parte del nuevo sistema que se estaba implantando en Cuba. El punto máximo que alcanzaría esta verdadera batalla de ideas está en la aparición de la carta circula Roma o Moscú en la que el Arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serante, aprovechando la festividad de “Cristo Rey” señalaría cual era el verdadero problema que los cristianos, en particular los católicos, enfrentaban.

Lo que descubrió el obispo de Santiago de Cuba es que la lucha que se estaba dando no era tal como se aparentaba, un combate entre Washington y Moscú. La verdadera contienda era de salvaguardar la fe y la ética cristiana que estaría representado en lo que el obispo Pérez Serante llamaría Roma y los códigos de la nueva ideología que parecía con arrasar con todo lo que se opusiera a su paso, en este caso representado simbólicamente por Roma.

Hubo otros documentos que los obispos hicieron publicar que han quedado para la historia como testimonio del ardor con que la Iglesia tomó la efervescencia social que se vivieron en esos tiempos. Vale recordar Por Dios y por Cuba; Ni traidores ni Parias; Con Cristo o Contra Cristo entre otras muchas mas.

Si la jerarquía eclesiástica apostaba por un enfrentamiento con el nuevo régimen había una parte del clero que buscaba una solución balanceada en el conflicto estado-iglesia, como el sacerdote Ignacio Biaín, que según su apreciación la Iglesia podía convivir perfectamente con la Revolución. Había también sacerdotes que se comprometieron abiertamente con la revolución y los cambios sociales que se experimentaban en Cuba, quizá los pioneros de la teología de la liberación, entre ellos se puede nombrar al franciscano Germán Lence González que dirigía la revista católica La Quincena. Además del comandante de la revolución el sacerdote Guillermo Sardiñas Menéndez, quien era entre otras cosas el director espiritual de aquellos revolucionarios que querían mantener su fe católica al mismo tiempo que se comprometían con un proyecto socialista, y que tendrían su cuartel general en la iglesia de Cristo Rey en la Habana.

La lucha por la democratización de Cuba antes del 59 tuvo su ingrediente católico, un buen ejemplo de ello fue el líder del directorio revolucionario José Antonio Echeverría, un joven revolucionario radical. Moriría en una acción que se hizo para liquidar físicamente a Fulgencio Batista, el 13 de marzo de 1957. Vale recordar que el testamento político de Echeverría estuvo por largos años censurada la parte en que el autor nombra a Dios y pide por su intersección. Muchas de las organizaciones católicas que existían a principio de la revolución se comprometieron en la lucha contra el comunismo que se venia implantando. Ejemplo fueron la Juventud Obrera Católica (JOC), Acción Católica de Cuba, la Agrupación Católica Universitaria, la Unión Demócrata Cristiana de la Universidad de Oriente, entre otras organizaciones.

Mons Roman Lava tu corazon aquí   Monseñor Agustin Roman, Obispo Auxiliar de Miami, camino al confesionario en la hermina de la Caridad.

Un testigo de aquella convulsa época, Marcelino Miyares, quien es vicepresidente de la Organización  Democristiana de las Américas, además de ser secretario internacional del Partido Democristiano de Cuba, y coordinador y vocero de Consenso Cubano, nos cuenta en una entrevista realizada para Cuba Nuestra en Ciudad de México, que el auge de las agrupaciones democratacristianas en Cuba en los 50 estaba dada por el florecimiento del catolicismo por la juventud, sobretodo la juventud universitaria. Esto era parte de un fenómeno mundial en donde la democracia cristiana estaba en florecimiento, como por ejemplo en Alemania con Adenauer, responsable del resurgimiento de esa nación europea, y Cahmun en Francia. Esto sucedía como cuenta Miyares bajo el pontificado de Pios XII, el Papa que guió a la Iglesia por los tiempos difíciles de la II Guerra Mundial  y el comienzo de la Guerra Fría, y conocido por su posición hacia el comunismo. Este Papa estimularía mucho el crecimiento de los proyectos democratacristianos.

Millares                              Marcelino Miyares

Haciendo historia cuenta Marcelino Miyares que los grupos socialcristiano y demócratas cristianos de Cuba saldrían en los 60 hacia el exilio. Así pasarían los años hasta que en los 90 toda esa constelación democratacristiana que existía en el exilio llegó a un acuerdo de unirse en un partido y fundar lo que hoy se conoce como el partido democratacristiano de Cuba.

En la otra orilla del estrecho de la Florida también laicos cubanos emprenden proyectos dirigidos a una renovación de la sociedad cubana. Por una parte, Osvaldo Paya, quien mantendría su compromiso de católico todo el tiempo, a pesar de todas las dificultades que esto siempre le trajo, organizaría a finales de los 80 la peña de pensamiento en su parroquia del Cerro, en la Habana. En 1988 fundaría el Movimiento Cristiano Liberación, en donde se gestaría el Proyecto Varela.

El otro hecho importante que se desarrolla en la Isla es el lanzamiento de la revista Vitral, dirigida por Dagoberto Valdés, del Centro de Formación Cívico Religioso de la diócesis de la provincia de Pinar del Río. Según el mismo Valdés indicaría el centro tiene como objetivos preparar a los ciudadanos para vivir en democracia, la reconstrucción de la persona humana después del daño antropológico que ha sufrido por largos años de sistema totalitario.

No se puede pasar por alto un documento eclesial que marcaría el renacer de la Iglesia Católica en Cuba, la carta de los obispos católicos cubanos, de septiembre de 1993, que recordaría mucho a la creación epistolar de los obispos de principios de los 60. Además, de la visita del Papa Juan Pablo II, en 1998, que será un gran estimulo para que la Iglesia en Cuba tomara mas fuerzas en su despertar.

 

La visita del sumo pontífice a Cuba dejo una profunda huella en la sociedad cubana, ya en la espera de tal magno hecho, en 1997, se fundaría el centro de bioética Juan Pablo II. El centro funciona independiente del estado cubano, subordinado a la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Este centro tiene su propia publicación, Bioética.

En cuanto a centros católicos en la Isla ha habido una verdadera explosión de ellos si contamos, el Centro de Formación y Promoción Laica San Arnoldo Janssen de Holguín, el Centro Fray Bartolomé de las Casas de la Habana. Además, vale destacar las iniciativas culturales que promueve muchas veces la Iglesia. Es importante que se entienda que todos estos movimientos e iniciativas transcurren en un área que vive cierta libertad y que no es controlada por el estado cubano. Es decir que los proyectos sociales y culturales que se dan dentro de las fronteras de la Iglesia en Cuba gozan de bastante libertad.

El resurgimiento de los movimientos democratacristianos y el creciente interés de la Iglesia en lo referente a la sociedad cubana no es un fenómeno aislado. Sino mas bien tiene una continuidad histórica que lo lleva a los principios de la revolución, a los años prerrevolucionarios y continua hasta los años de la conquista, llegando hasta el principio de las primeras comunidades cristianas en Palestina, y hasta el mismo Jesús. En el caso particular de Cuba, la Iglesia se fermenta como la levadura en las necesidades especificas de la sociedad, haciendo llegar el mensaje cristiano liberador a toda la sociedad.

En la entrevista de México con Marcelino Miyares transciende una importante imagen: la Iglesia en Cuba como en Miami  es una sola Iglesia Católica en Cuba. El mismo reconoce que de uno y otro lado es la Iglesia Católica la única que ha recogido la historia no comunista en Cuba. La Iglesia ha sido la receptora de una tradición de ir recogiendo esta historia que está inédita, la Iglesia se ha convertido en los guardianes de la dimensión de la historia de Cuba que el régimen ha totalmente cayado, y así, en ese sentido tiene la Iglesia  el merito de ser receptores y guardadores de nuestra historia.

Volviendo al Proyecto Varela, no parece que éste  fuese una casualidad histórica, un proyecto nacido espontáneamente. Como se demuestra es el Varela un ejemplo de cómo la llama de la inspiración cristiana y de la enseñanza social de la Iglesia se han mantenido vivas en el seno de la comunidad de fe que es la Iglesia Católica en Cuba. Una tradición viva que sigue inspirando a miles de cubanos en la lucha por la justicia y el respeto por la dignidad del hombre.

2 comentarios:

Laz Red dijo...

El Kaxtrizmo no olvida ni perdona. Reencuentro y reunificacion de la Nacion Cubana solo para los "respetuosos". Queda claro? Lo puedo repetir.

Anónimo dijo...

El sacerdote German Lence no era Franciscano ni director de la Quincena.

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