sábado, 26 de marzo de 2011

Dagoberto Valdés: Creo que sí, la Iglesia asume su compromiso social consecuente con las enseñanzas del Evangelio

Dagoberto Valdés, director de la revista Convivencias de Cuba amablemente ha concedido una entrevista que le he pedido. Los temas tocan la complejidad de la Iglesia Católica en Cuba, las tecnologías modernas en la Isla y los paralelos que pueden existir entre la Revolución Jazmín de los países árabes con la realidad cubana.

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Germán Diaz:   ¿Cuál ha sido el desarrollo de la sociedad y la Iglesia en Cuba desde la visita de Juan Pablo II a Cuba, y si tú ves algunos momentos importantes en ese tiempo que ha pasado?


Dagoberto Valdés: La visita del Papa en 1998 fue para Cuba y su Iglesia un hito que marcó su existencia. Por primera vez un líder mundial, fuera civil o religioso, ofrecía al pueblo cubano dentro de Cuba en sus principales plazas un mensaje diferente, propositivo, esperanzador, liberador, respetuoso. Se abría una ventana en la oscura cabaña del totalitarismo que dejaba pasar un resquicio de luz. Nadie a partir de ahí podía decir a los cubanos y cubanas que la luz no era buena. Cada cual, a su forma, creyente o no, fue comprobando que esa luz que aparentemente venía de fuera, era solo el espejo de la luz que cada persona lleva dentro… y comenzaron a comparar, a discernir, a ver claro, a abrir los ojos “ del alma que se desmigajaba por el país”, al decir de Martí. Aparentemente todo amaneció igual al día siguiente de su partida, en efecto, todo siguió igual menos el alma de la nación. Lo que ha sucedido en la última década da fe.

GD:     ¿Cómo puedes describir el trabajo de la revista Convivencia, y cuál es la relación que la misma tiene con Vitral”?


DV:  La revista Convivencia www.convivenciacuba.es es una publicación digital de carácter sociocultural, plural, participativa, respetuosa de las diferencias y promotora de una sana diversidad en la que cada persona encuentre su desarrollo humano pleno y cada espacio sea para compartir la vida y mejorarla.
No constituimos, ni pertenecemos a institución, organización o partido alguno, los miembros de su Consejo de Redacción residen en Cuba. Somos un espacio para un debate público, incluyente, transparente y propositivo que sirva para articular la libertad con la convivencia, fórmula para una sociedad civil autónoma y cívicamente adulta.
Esta revista desea promover la solución pacífica de los conflictos, que son propios de las relaciones de convivencia; buscamos y compartimos, con los demás, la verdad que no es patrimonio exclusivo de nadie. No promovemos el enfrentamiento ni la descalificación de personas, grupos o instituciones. Ni la falsa confrontación entre la sociedad civil y el estado, ni entre las necesidades personales y la estructuración de las instituciones.


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Deseamos ser un taller para aprender a hilvanar una fecunda convivencia entre lo que escribimos y lo que hacemos, entre liberación personal y estructura social, entre participación responsable y poder como servicio, entre gobernabilidad y gobernanza, entre identidad y cambio, entre cultura y creación, entre historia y porvenir, entre el pensamiento y la ciencia, entre las letras y las artes, entre razón y corazón, entre el acierto y el error, entre la certeza y el tanteo. Conviviendo como somos. Co-creando la existencia mejor que deseamos tener y compartir.

Somos un sitio no confesional con una inspiración en los valores del humanismo cristiano. Al mismo tiempo, desearíamos fomentar el diálogo y la convivencia entre religiones y filosofías. Queremos ser un vivero para las diferentes expresiones culturales. Creemos que la apertura cultural fortalece la identidad. Consideramos que el encuentro y la convivencia entre culturas diversas enriquece a los seres humanos y contribuye al crecimiento del alma de los pueblos.

Nuestro proyecto desea compartir la actual coyuntura histórica que vive Cuba, con sus cambios y corcoveos, sus miedos y esperanzas, sus retos y desafíos,  y tal como expresa su nombre:
Convida a tejer y a reanimar el entramado de la sociedad civil en Cuba como escuela de convivencia.
Convoca a encontrar puntos comunes dentro de la más amplia diversidad para crear un nuevo relato histórico-cultural que tenga en cuenta las esencias de la narración fundacional cubana y que dé sentido, seguridad y esperanza a los nuevos protagonistas de una comunidad de vida incluyente y plena de realizaciones compartidas.
Comparte vivencias de personas y grupos que han logrado traspasar el umbral del miedo y de la desconfianza y abren con sus vidas, ambientes y experiencias, caminos hacia una mayor madurez cívica, un creativo empoderamiento ciudadano y un mínimo de confianza para transitar hacia lo nuevo y lo mejor.
Anuncia la celebración anticipada de un hogar nacional “en el que quepamos todos”[1] y en el que podamos encontrar las nuevas formas de reavivar y de institucionalizar la más abarcadora convivencia.
En fin, Convivencia ofrece un umbral para aprender a vivir sin miedo la libertad personal y a compartir, sin aislamientos ni miserias, la responsabilidad solidaria de crear espacios socioculturales en los que somos, trabajamos y amamos. Es, por sus fines, su perfil editorial y parte de su equipo de redacción, heredera y continuadora del espíritu con que se fundó y desarrollo la revista Vitral. Se diferencia de aquella Vitral en que ahora somos y estamos en la sociedad civil independiente, y actuamos como tales.


GD:    ¿Qué impacto tienen las nuevas tecnologías, como las computadoras, los teléfonos móviles y la Internet, a pesar de sus limitaciones en la sociedad cubana?

DV: El impacto es decisivo y definitorio. Crea Redes informales y difíciles de controlar sin “tumbar” el servicio visiblemente. Cuba ha cambiado. Es un país cerrado pero poroso. Aislado pero íntimamente comunicado. Los móviles mantienen la solidaridad entre los que lo tienen y lo usan para esos fines y basta con que uno o dos tengan Twitter en cada provincia para que el País sea transparente. Su impacto ha vencido el bloqueo de las comunicaciones y ha facilitado el proceso de la información en ambos sentidos desde y para Cuba. La prueba está en que la mayoría de los reportes que salen hacia los Medios en el mundo provienen de los blogueros y periodistas independientes, porque los acreditados medios de prensa o agencias dependen de que el Gobierno le renueve o cancele su credencial en base a su comportamiento y lenguaje. Los blogueros y periodistas independientes no necesitamos ni acreditación de permiso para residir en nuestro País. Ya estamos aquí hace rato.

No es todo lo que desearíamos, ni lo que Cuba necesita pero es ya una realidad irreversible sin una crisis insuperable por su altísimo costo y consecuencias. El muro de la opacidad sobre la vida cotidiana de los cubanos ha caído antes de otros muros. Todos estamos más seguros por la visibilidad que ha traído, más laboriosos por las oportunidades que ha descubierto y más felices de la transparencia con que el mundo nos puede ver y nosotros a ellos.

GD:  ¿Crees que se puede establecer un paralelo entre la revolución Jazmín de los países árabes con Cuba y cuánto ésta puede influir en la sociedad cubana?

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DV:  Un paralelo entre lo que ocurre en el Medio Oriente y en Cuba es posible siempre que tengamos también presente las sustanciales diferencias que también son naturales entre dos zonas geográficas bien diferentes, con culturas y religiones diversas. Pero lo que encuentro en común es otro ejemplo de que el alma humana es una misma y que su naturaleza libre y responsable es irrefrenable. Entre Cuba y los países del Medio Oriente existen tres factores de cambio que pudieran tener cosas en común: un gobierno en el poder durante muchos años, sea de izquierda o de derecha; una crisis económica galopante con medidas de despidos y perjudiciales para los trabajadores; y una red de celulares, twitter, internet, en que los ciudadanos tejen convivencia pacífica y solidaridad efectiva y eficiente. ¿No se van dando en Cuba estos tres factores? Dios quiera todo se resuelva entre cubanos y con la eticidad, la gradualidad y la tolerancia que necesitamos. Siempre he defendido que el cambio en Cuba sea pacífico, gradual y ordenado. El diálogo y la negociación auténticos y sin exclusiones es mi escenario preferido para el camino hacia la libertad y la democracia. Lo que pasa es que eso supone una voluntad política de apertura real por parte del gobierno cubano, una gran conciencia crítica, una capacidad de discernimiento y un talante propositivo más que confrontativo, además de una gran tolerancia por parte de todos. Hace tiempo escribí un editorial para Vitral que se titula “Quien cierra la puerta al cambio en paz, abre la puerta a la violencia”. Ocho años después, mantiene toda su vigencia y urgencia. No solo en Cuba, también en el Oriente medio y otras zonas geográficas.

GD:  ¿Consideras tú que la Iglesia en Cuba asume su compromiso social consecuente con la enseñanza del evangelio? ¿Consideras que la actuación de la Iglesia en Cuba como mediadora de varios asuntos con el régimen pueda interpretarse como que la misma toma una posición política?


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DV: Creo que sí, que la Iglesia, concebida como la comunidad de los creyentes, está asumiendo con limitaciones, propias y ajenas, ese compromiso social consecuente con las enseñanzas del Evangelio. Conozco personalmente y muy bien a miles de fieles laicos y laicas, jóvenes y mayores, que han entregado y entregan hoy toda su vida al servicio de los más pobres de cuerpo y de alma. Conozco también decenas de sacerdotes, religiosos y religiosas, que cercanos y fieles a su pueblo, se desgastan día a día, al servicio de ancianos y enfermos, de desempleados y jóvenes, de alcohólicos y universitarios, de artistas e intelectuales, de campesinos y vagabundos, en las pequeñas comunidades de base, en los campos, bateyes y poblados. No solo para dar un consuelo espiritual sino para fundar obras de promoción humana, de caridad asistencial, de participación comunitaria, de catequesis evangelizadora, liberadora, creadora de dignidad, de convivencia y fraternidad. Personalmente lo viví y me formé en ese estilo de ser Iglesia pobre, encarnada, profética, liberadora. Aunque es claro que hay de todo en la viña del Señor. Hay luces y sombras. Pero a la Iglesia, como Iglesia, pueblo de Dios, fieles y pastores, en la que me formé en Cuba y para Cuba, le debo todo mi respeto, mi agradecimiento y mi entrega.

No creo que la Iglesia todavía haya realizado un servicio de mediación propiamente dicho, desde el punto de vista técnico. Considero, sin embargo que ella ha realizado a lo largo de estos 52 años antes menos, ahora más, un servicio de interlocución con el Estado, presentando con frecuencia la voz de las necesidades del pueblo. Cuando la visita del Papa, recuerdo que lo hizo de forma pública y notoria, tanto por la voz del Pontífice como por la de algunos de sus pastores como aquella memorable presentación del pueblo cubano que le hiciera Mons. Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba frente a la imagen bendita de la Virgen de la Caridad en la plaza de Antonio Maceo. Es la voz del pueblo que se alza por los sin voz.

Mucho antes en los setentas, la Iglesia sirvió de facilitadora para la excarcelación de miles de presos políticos con la ayuda la Iglesia en Estados Unidos. Con ocasión de la visita del Papa más de cien presos fueron también liberados por la intervención humanitaria de la Iglesia. Luego este servicio ni es nuevo, ni es histórico, es propio y normal en la Iglesia.
En los últimos meses, ha vuelto a resultar necesario, desgraciadamente, este servicio de interlocución de la Iglesia y uno de sus pastores ha servido de vocero e interlocutor para la excarcelación, con destierro o con la permanencia de los que optaron por quedarse libremente.

Creo que es misión de la Iglesia facilitar la liberación real y efectiva de los presos políticos, la reinserción de los mismos en su sociedad salvaguardando la dignidad personal y el ejercicio pleno de sus derechos y deberes cívicos y políticos. También es su misión, cuando se den las condiciones de servir de mediadora entre las partes contendientes de un mismo pueblo, o entre pueblos diversos o incluso a nivel regional o mundial. Pero la mediación supone el reconocimiento público, igual e incluyente de todas las partes en conflicto. Supone que todas las partes tengan las mismas oportunidades de presentar por ellas mismas sus propuestas y demandas en la negociación y que todas ellas acepten por igual la mediación imparcial de la Iglesia. Mediación supone estar en medio de las partes negociadoras y ejercer una labor facilitadora del diálogo y la solución pacífica de los conflictos. Por tanto, respondo al final de su pregunta: quien media no puede tomar partido por ninguna de las partes, ni tratar a unos u a otros de forma asimétrica o excluyente. Y si llegara el momento en que alguna de las partes viola algo de lo acordado debe interponer sus buenos oficios para superar el escollo y si no debe denunciar el diálogo como limitado o inválido. Pero como no considero que la facilitación o interlocución que, gracias a Dios ha realizado la Iglesia, de diversas maneras y con mayor o menor visibilidad o repercusión mediática, a lo largo de este medio siglo, sea todavía un servicio de mediación con todo lo que esto lleva, creo por tanto que hay que esperar, como espero y deseo, a que llegue el momento en que ese servicio sea necesario y aceptado por todas las partes y entonces llegará el momento de evaluar la competencia, neutralidad y eficacia de la mediación. Quiera Dios que los conflictos de Cuba puedan ser solucionados pacíficamente de esta mejor manera.

Gracias.

Pinar del Río, 24 de marzo de 2011.

[1] Martí, José. Discurso el 10 de octubre de 1881.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicidades German por esta entrevista al Sr Dagoberto Valdes, siempre conducida de una manera muy profesional y objetiva de tu parte y donde ofreces la oportunidad de manifestar las opiniones, funcion e informacion sobre los temas actuales que tienen que ver con el futuro de nuestra querida Patria y como es natural la funcion informativa de la Revista Convivencias. Gracias German y tambien al Sr. Dagoberto por esas opiniones.

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