sábado, 10 de mayo de 2014

Soberania y nacionalismo en Venezuela, el estatus de Maduro: “con licencia para matar”

Quema bandera 6Hace unos días atrás, hablando con el director de la revista Cuba Nuestra, Carlos Manuel Estefania, me comentaba éste la noticia del policía que recientemente había muerto en medio las protestas de Venezuela. Lo que mas nos asombró fue que tal noticia apareciera en un noticiero de radio en Suecia y que se transmitiera en sueco. A mi me llamó la atención ya que la noticia no la dio ninguna radio desde la que operan los comunistas sudamericanos en Suecia, ni fue en otro idioma más que en sueco. Yo comentaba con el colega Estefanía que era raro que los medios de comunicación de Suecia, tanto prensa escrita como radial o televisiva, habían perdido casi el habla en lo que se refiere a las muertes que se vienen sucediendo en Venezuela, sobretodo de los opositores. Que llamaba la atención como ahora muere un policía del oficialismo, un hecho suficiente para que la noticia tenga esa repercusión.

La noticia la ley yo mismo en el sitito web del diario El Nuevo Herald, ya que ahí se puede seguir bien lo que sucede en el país sudamericano, no sólo lo que pasa con el oficialismo sino también los crímenes que se cometen contra la oposición.

Este silencio que se puede observar en los medios suecos no es sólo un fenómeno del país escandinavo. Cuantos estudiantes y opositores han muerto en Venezuela, de forma brutal, de los que la prensa mundial no se ha molestado siquiera de nombrar. No será por falta de importancia esta falta de atención a los estudiantes que se manifiestan en la calle ni a la oposición. Los que ha estado sucediendo en Venezuela no es ni comparable con lo que representaron la primavera árabe, que todavía con toda la represión que tuvo que sufrir los manifestantes de Egipto y Tunes, se quedan estos hechos chiquitos con lo que sucede ahora en Venezuela. Entonces la prensa de Suecia y del mundo entero no dejaba espacio para otras noticias más que para la primavera árabe. Quizá el silencio esté en que el problema de Venezuela está más allá del chavismo y del castrismo mismo.

El tratamiento que le da la media internacional a la situación de Venezuela puede reflejar que el proceso para un cambio de la situación que hoy se viene viviendo no puede ser solo a través de un cambio democrático. Aunque, tal como se ha demostrado que las grandes mayorías en Venezuela aspiran a un cambio de gobierno y de sistema, la vía de las elecciones no ha servido para ese cambio. En este caso la democracia solo ha sido el instrumento que el oficialismo venezolano ha usado para afianzar más aun su poder y su control. Y a lo que se le llama oposición todavía no ha logrado salir adelante con un proyecto que pueda servir de alternativa al chavismo.

Para la oposición venezolana el problema es la colonización cubana, que le ha trajinado el petróleo y no se sabe cuantos otros recursos del país. Y quizá piensen que la tragedia que los venezolanos mismos eligieron podría resolverse quemando banderitas cubanas. Pero parece que tienen que pasar algunas generaciones para que en Venezuela se pueda entender la magnitud del experimento totalitario que se está empleando contra ella. Todavía se verán más encerrados aún cuando el régimen comienza a legitimarse aun más con el argumento nacionalista, y la justificación de la soberanía nacional. Al final serán los venezolanos los que le habrán dado a Maduro el estatus de "con licencia para matar."

Si de verdad la oposición venezolana quiere sacudir el sistema que se les ha impuesto, tiene que primero convertirse en una oposición verdaderamente opuesta al régimen. Muchos de los que seguimos el desarrollo de la situación venezolana pensamos que la oposición, sin mucho esfuerzo de su parte, se convierte en la oposición que el mismo régimen necesita. La alternativa que brinde la oposición no puede ser solamente política, tiene que haber algo más consistente y serio que no sean sólo las sonrisas de Capriles y los viajes por todo el mundo que se da la parlamentaria Corina.

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Más allá de ser una oposición oficialista se necesita un proyecto ético que le haga frente al chavismo. Tal como el Proyecto Varela en su tiempo significó en Cuba, que a pesar de los cubanos tener mucho menos libertad, se consiguiera bajo la guía de Oswaldo Payá, remover las entrañas de un sistema todavía aun mucho más represivo y cruel que el venezolano. Todavía están a tiempo de reflexionar y encauzar las fuerzas y las potencialidades hacia el cambio. Más que un cambio político, algo que a estas alturas es difícil de creer que pase, tiene que ser desde abajo, desde la misma sociedad y desde los mismos individuos, tal como concibió el movimiento solidaridad en Polonia, y Oswaldo Payá en Cuba.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La "oposición" venezolana ya juega su última carta,y está dividida. Si quieren llegar al poder, que jueguen limpio y sin la ayuda yanqui. Los golpistas no pasarán.

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